No tenía intenciones de escribir sobre este escabroso asunto de la Diputada Iris Varela contra el periodista Azocar. Me pareció bochornoso y surrealista. Mas salido de la pluma de Poe y de la crónica roja de un tabloide que de un análisis político que se merezca. Pero cuando veo en la televisión oficial al Ministro Héctor Navarro tratando de justificar lo injustificable, a Calixto Ortega quebrando lanzas por la Diputada y al moderador del programa matutino de opinión del Canal 8 solidarizándose automáticamente con la agresora por aquello del dolor de madre, me obligué a reseñar algo. De alguna manera, al fin y al cabo, uno debe canalizar la arrechera que lo embarga, cuando estos próceres revolucionarios nos ven cara de albañal y nos toman como cretinos de baba en la boca.
Leí el libro del periodista Azocar para arriba y para abajo, y mas allá de las denuncias que hace, referidas a la diputada Varela, cuya descarga en defensa debe ventilarse ante tribunales, luego de hacer la denuncia correspondiente ante la jurisdicción pertinente, la mención al hijo muerto es referencial y en modo alguno falta el respeto debido a la memoria. Una simple reseña que no va más allá de 36 líneas en el libro. En todo caso, si la ciudadana Maria Iris Varela se sintió afectada por el escrito del Periodista Gustavo Azocar, ha debido dirigirse ante los organismos jurisdiccionales a pedir justicia de acuerdo a la ley. Y a esto quiero centrar la crónica.
La Diputada Varela representa, donde quiera que siente su violenta y furiosa humanidad, a la Asamblea Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela; la casa donde se elaboran las leyes de la republica. Los primeros creyentes de las leyes que surgen de la Asamblea Nacional deberían ser los diputados que las elaboran.
Las células madres del estado de derecho de la republica tienen su origen en esa vieja edificación del periodo de Guzmán Blanco. La medula de Venezuela y su estado de derecho es el Palacio Federal Legislativo y cada uno de sus integrantes es una célula madre capaz de regenerar a partir de ellos, el sistema legal que rige en Venezuela. La célula madre a partir de la cual se origina otras células que representan los deberes y derechos de los venezolanos es la Constitución Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela. La Carta Magna siempre será una célula embrionaria a partir de la cuál deriva el estado de derecho en Venezuela.
Si un diputado, quien es un ciudadano como tu y como yo, siente que sus derechos como venezolano han sido vulnerados, lo ideal, el deber ser es que acuda a los organismos jurisdiccionales a exigir justicia y no a hacerse justicia por su propia mano alegando razones subjetivas y eminentemente sanguíneas. Las mismas razones que alegan los defensores automáticos de la diputada y que se esgrimen para darle la razón; son las que pudiera justificar la madre de los hermanitos Fadoul o el padre para zamparle cuatro tiros a los victimarios; o la que aducirían los hijos de la Señora Maritza Ron para darle un “ojo por ojo, diente por diente” a los camisas roja que la asesinaron en la Plaza Altamira; o los allegados de los asesinados en la Plaza Altamira por el “caballero Gouveia”; o lo quemados de Fuerte Mara; o los incinerados en Cumana; o el soldado ahogado en Socuavó; o los familiares de los asesinados desde el “glorioso Puente del Llaguno”; o los masacrados desde las azoteas previamente seleccionadas el 11 de abril de 2.002 o los 100 bajas de combate por la inseguridad que semanalmente forman parte del parte de guerra de los barrios en la Revolución Bolivariana. ¿O es que acaso esas victimas no tienen madres que los lloren también?
El dolor de Iris Varela no es mayor que el de una madre venezolana que despide diariamente a sus hijos con la aprehensión del regreso; o el de la madre que observa aterrada por televisión como pistoleros inducidos lombrosianamente y armados por ese mismo gobierno que alienta Iris Varela, salen desde Miraflores, los ministerios y otros organismos públicos, idiotizados por el discurso presidencial y las arengas de sus secuaces, a matar venezolanos en edad útil por la simple circunstancia de disentir y exigir el cumplimiento de sus derechos consagrados en una constitución de la cuál Iris Varela es solidaria. ¡Eso no se entiende!
Todos los padres y las madres se solidarizan con el dolor de la perdida de un hijo; porque saben la profundidad infinita de esa herida y la cuantía de la aflicción. Los hijos son el futuro de la familia y la perpetuación de la sociedad ¿Cómo llorará la nación con la pérdida de sus hijos por una contienda estúpida que se alienta desde las más altas esferas? ¿Hasta donde llega el dolor de la madre mayor que es la patria, cuando sus hijos son adoctrinados para una insensata contienda interna entre hermanos? ¿Cuál es la intensidad del dolor de las madres venezolanas cuando no terminan de asimilar el discurso homicida y criminal del Primer Magistrado Nacional? ¿O cuando los excitan al fanatismo homicida, para que vayan a combatir con sus hermanos iraníes a un conflicto ajeno?
Siempre he dicho que la Asamblea Nacional es la madre desde donde se conciben las leyes. Los diputados y las leyes son hijos de la Asamblea Nacional y son las células de ese ser vivo que es un verdadero estado de derecho. Aquellos representan las células madres del estado de derecho y de todo el sistema legal de Venezuela. La agresión física y violenta de la diputada Maria Iris Varela al Periodista Gustavo Azocar para hacerse justicia por su propia mano es una clara expresión del nivel de morbosidad de la Revolución Bolivariana y quienes promueven el nuevo orden y el nuevo venezolano en la reforma de la Constitución Nacional de la Republica Bolivariana de Venezuela.
La Asamblea Nacional es la Gran Diputada de Venezuela e Iris Varela es una hija de la Gran Di-pu-ta-da.
¿O es una mutación celular?
Caracas, 21 de noviembre de 2.007
Caracas, 21 de noviembre de 2.007
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